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[Asociación amigos D.Antonio Raymundo Ibañez Marqués de Sargadelos]

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Patrimonio arquelógico

Los primeros asentamientos humanos pertenecientes al periodo Neolítico no dejaron restos constructivos debido, posiblemente, a la utilización de materiales precarios y también al carácter itinerante de pequeños grupos de pastores recolectores que se van iniciando en las tareas agrícolas paulatinamente.
Sin embargo, sí dejaron constancia de su presencia con abundantes manifestaciones megalíticas, distribuidas a lo largo de las zonas cumbreñas. Estas necrópolis megalíticas se componen de diversos enterramientos en túmulos, también conocidos como mamoas, compuestos de piedras que forman promontorios circulares y cónicos albergando en su interior una cámara adintelada construida con lajas de piedra.
Se ubican preferentemente a lo largo de los collados, en zonas elevadas, dando vista a los valles, e independientemente de su carácter monumental y funerario pueden representar también hitos o referencias artificiales que delimitan el espacio utilizado por estos pastores nómadas.
La cronología de estas construcciones se sitúa en el IV milenio a. C. aunque perduran hasta avanzada la Edad del Bronce.
En el concejo de Santalla se localizan una veintena de túmulos a pesar del deterioro propiciado por el paso del tiempo y los habituales saqueos en busca de los tesoros que preconizaban las leyendas no permitiendo un buen conocimiento y eficaz estudio de los mismos.
Los principales yacimientos se encuentran en Brañavella y Pousadoiro. La Necrópolis Tumular de Brañavella situada entre Penas de Leña y Portelo, el Túmulo de Pena Tiñosa y el de Pena de Us son sus referencias más destacadas.
En Pousadoiro se localizan los túmulos de Outeirón Grande; los del Pico Penelas y los de la Laguna de Choupel.
En Murias se encuentra la Necrópolis Tumular de Chao da Granda; en Vilamartín, la Necrópolis Tumular y Cazoletas de Pena del Corvo; en Sarceda, las Cazoletas de Pena Parda; en Teixeira, el Túmulo de Chao das Arquelas y en Ventoso, los Túmulos de Tras de Mosqueiro.

Entre el periodo megalítico y el castreño existe un importante vacío arqueológico, solamente se recogen los testimonios de unas hoces y unos moldes para la fabricación de hachas que se encuentran en el Museo Arqueológico de Asturias. Estas muestras están datadas entre los siglos IX y VIII a. C. y su hallazgo se sitúa genéricamente en Los Oscos.
El siglo VIII, anterior a nuestra era, marca el inicio de los asentamientos castreños, recintos amurallados, estratégicamente situados y de eminente carácter defensivo. Enclavados a media ladera, buscando la cercanía de los cauces de agua para su abastecimiento y de zonas actas para el cultivo, presentan pequeñas edificaciones circulares de mampostería que se agrupan protegidas por elementos naturales y murallas y fosos.
Con el paso del tiempo y la llegada de los romanos, estos asentamientos adoptan diversas tipologías, hallándose algunos castros que carecerían de una habitabilidad estable, usándose como lugares de vigilancia de las explotaciones mineras.
Sobre las comunidades que habitaron los castros se barajan varias hipótesis que parten de las referencias documentales romanas. Plinio el Viejo, en su Naturalis Historia, sitúa en el occidente asturiano a una diversidad de pueblos (gens, populi) de difícil asignación territorial denominados albiones, egobarros y cibarcos, siendo estos últimos los llamados a ocupar una franja intermedia, considerando que los albiones ocuparían la ribera del Navia y los egobarros la ribera del Eo.
La organización social de estos pueblos tiene un carácter territorial diferente a la de los ástures que siguen un criterio de parentesco con divisiones en gens y gentilitates. Los pésicos ocuparían el territorio más occidental perteneciente al dominio de los ástures.

En el concejo de Santalla se conservan tres castros; el de Liñeiras, con una disposición y emplazamiento que guarda los cánones de estas construcciones en el occidente asturiano; Los Castros, en Ferreira, en el que se puede observar un foso que coincide con los restos de uñatote defensiva.
El más singular de los castros santalleses es el conocido como "Cortín dos Mouros", en Brañavella, que conserva un murallón defensivo levantado con grandes sillares, dando vista al valle de Ferreira.
A la invasión romana sigue un proceso de aculturación importante si tenemos en cuenta la nueva territorialización y estructuras sociales que implantan en sus dominios. El interés romano en las explotaciones minerales y el reagrupamiento en villae para una mejor distribución del aprovechamiento agrícola y ganadero no supone, no obstante, una dominación traumática sino una paulatina incorporación de la población autóctona respetando sus estructuras tradicionales.

Los restos arqueológicos de ámbito romano son escasos si descontamos algunos hallazgos numismáticos en Ancadeira y Cabanela. La toponimia nos brinda algunas pistas en relación al tipo de parcelación que realizaban los romanos como pueden representar los topónimos Millarado o Quintá, actuales pueblos de Santalla.

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